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Vamos que la cagamos. Literal

No os voy a contar porque se me ha ocurrido esta entrada, es fácil de imaginar, uno no sabe lo rápido que puede llegar a correr hasta que no le surge las ganas de llegar a casa para dejar lastre. Buscando por ahí, he encontrado unas anécdotas para reírse un poco, al final y cabo somos así.

Extraído de :elblogdealpino

Me encontré con un Correcaminos a la llegada de la Maratón de Buenos Aires. Yo estaba radiante por mi récord personal, sentado en el cordón de la vereda de la 9 de Julio. El ya estaba bañando y vestido. Qué tiempo pusiste?? le pregunté con asombro no exento de envidia admirativa. Abandoné, me contestó apesadumbrado.

Y me contó que bajando la Av. San Juan – si mal no recuerdo a la altura del km 25 aproximadamente – le vinieron unos retortijones espantosos. El muy inconsciente se había tomado una leche chocolatada en el desayuno, contraviniendo una regla fundamental: no ingerir nada diferente de lo que uno desayuna habitualmente antes de una maratón. Para peor, la leche chocolatada industrial no es algo particularmente liviano y dietético.

El pobre Correcaminos se aguantó y se aguantó y se aguantó hasta que no pudo más. ¿Y qué hiciste boludo?? ¡¡¡Me bajé el short y me cagué todo!! ¿Ahí nomás en la vereda? ¡¡Síííííí!! Imaginen por un instante la escena siguiente: Doña María se va al almacén con su changuito de feria un domingo de mañana.

Va a cruzar la Av. San Juan y se encuentra con un inesperado malón de corredores dementes. Putea en japonés, intenta colarse sin que le pasen por encima, y en medio de eso ve a nuestro amigo en la vieja y querida “posición inodoro” cagando en la vereda. Sin comentarios… La parte menos graciosa del cuento es que el desdichado Correcaminos se sintió tan mal –físicamente, entendámonos- que debió abandonar.


Corríamos no recuerdo si en Toledo o Progreso, creo que una media maratón del campeonato de la AAU. El integrante de la Ultima Fila venía aguantando unas persistentes ganas de cagar desde hacía varios kilómetros. En determinado momento las ganas se tradujeron en un rictus de dolor en su rostro y no aparecía nada que aparentara ser un boliche o una comisaría o un cuartel de bomberos y que pudiera tener un baño.

Los vecinos habían salido a los jardines del frente y aplaudían con entusiasmo al paso de los sufridos corredores. El atleta levantó la vista, vio a una señora en la puerta de su humilde casa, y se tiró en palomita hacia ella. Le dijo “doña, necesito su baño” y sin dejar de correr ni esperar la respuesta de la doña, la apartó con el brazo y se mandó para adentro de la casa. Encontró el baño, se encerró, hizo lo que tenía que hacer, salió corriendo, le palmeó la espalda a la doña diciéndole “gracias doña” y volvió a la carrera. Siempre trato de imaginar lo que habrá pensado esa señora acerca del estado de salud mental de los corredores urbanos.



Nunca hubo tantos fondistas en la rambla aquella mañana del 1º de Mayo de 2007. Era prácticamente la última fecha posible para hacer una long run antes de la Maratón de Colonia, y la rambla de Montevideo contrastaba con lo desértico que estaba el resto de la ciudad. Comentando luego los pormenores de este último “fondo largo”, el Gusano le contó al Coyote que a la altura de la Playa de los Ingleses no se había aguantado más las ganas de cagar y bajó hacia la playa en busca de un árbol donde recostar su espalda y aliviar sus intestinos. ¡¡Yo también cagué ahí mismo ese día!! exclamó el Coyote, muy divertido.

Entusiasmado, el Gusano le confesó entonces que no teniendo nada a mano que pudiera cumplir la función de papel higiénico, arrancó unas hojas del frondoso árbol y se limpió con ellas. Yo tampoco tenía papel, le dijo entonces el Coyote, devolviendo la confesión. ¿Y con qué te limpiaste? ¡¡Con las medias Nike!! El Gusano no se atrevió a preguntarle qué hizo luego con las medias, temiendo que la respuesta fuera 1) me las puse de vuelta, 2) las dejé ahí tiradas, o 3) me las traje en la mano hasta el Centro.




A modo de conclusión, algunas recomendaciones para los fondistas de larga distancia:

1) Salir siempre con papel higiénico. Te rompe las pelotas porque ocupa lugar, no sabes dónde llevarlo, te paspa llevar una riñonera solo para eso, y nunca lo vas a precisar. Pero el día que no lleves seguramente lo vas a lamentar, te lo garantizo.
2) Hace siempre caca antes de salir a hacer fondo o antes de una carrera. ¿Que si no tenés ganas? ¡¡Hacé lo posible para tener ganas boludo!! Tomá un litro de Gatorade, o yogurt y café caliente, o leche de magnesia Philips, o Dulcolax perlas pero hacé caca.

3) Tené identificados los lugares posibles para casos de emergencia, sobre todo si se trata de un recorrido que hacés habitualmente cuando entrenás: estaciones de servicio (el baño de la Ancap ex Texaco de la Rambla de Malvín está muy bueno), boliches con buena onda (el parador de Rambla y Solano López es bárbaro, he mangueado desde el baño hasta un pedazo de pan en un ataque de hambre atroz), y también lugares arbolados y discretos.