No os voy a contar porque se me ha ocurrido esta entrada, es fácil de imaginar, uno no sabe lo rápido que puede llegar a correr hasta que no le surge las ganas de llegar a casa para dejar lastre. Buscando por ahí, he encontrado unas anécdotas para reírse un poco, al final y cabo somos así. Extraído de : elblogdealpino Me encontré con un Correcaminos a la llegada de la Maratón de Buenos Aires. Yo estaba radiante por mi récord personal, sentado en el cordón de la vereda de la 9 de Julio. El ya estaba bañando y vestido. Qué tiempo pusiste?? le pregunté con asombro no exento de envidia admirativa. Abandoné, me contestó apesadumbrado. Y me contó que bajando la Av. San Juan – si mal no recuerdo a la altura del km 25 aproximadamente – le vinieron unos retortijones espantosos. El muy inconsciente se había tomado una leche chocolatada en el desayuno, contraviniendo una regla fundamental: no ingerir nada diferente de lo que uno desayuna habitualmente antes de una maratón. Para peor, la leche c...